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31 de Agosto de 2018
Humanizar a los animales: un desajuste muy humano
Una relación en la que se humaniza a la mascota, lejos de resultar equilibrada y saludable, despierta en el animal diversas alteraciones de conducta, como agresividad, miedo o ansiedad. Dichos procesos pueden estar asociados al estrés, derivados en muchos casos de la sobreprotección.

 

El amor por los animales hace que se puedan ver restaurantes de lujo para perros, escuelas, fiestas de cumpleaños, clubes, peluquerías, almacenes de ropa y otros establecimientos dedicados a someter a los animales a actividades propias de las personas. Y todo ello con la mejor de las intenciones por parte de sus dedicados propietarios que hacen esto porque quieren mucho a sus mascotas, lo que sin embargo no significa que sea un buen trato para ellos.

Los animales se sienten incompletos porque no son seres humanos y tienen otras necesidades físicas y psicológicas. Humanizar a los animales hace que pierdan su identidad, que se sientan frustrados, ansiosos e inseguros, fundamentalmente, porque no tienen un propósito.

Privados de su naturaleza

Las personas que conviven con un perro o un gato tienen la responsabilidad de sentar las bases adecuadas para que su animal esté sano, tanto física como psicológicamente. Esto incluye proporcionarles un ambiente rico y sobre todo, adecuado a su naturaleza de perro o gato, un ambiente que les permita expresar sus conductas naturales.  Esa es la clave para disminuir infinidad de síntomas de comportamiento alterado o claramente patológico que va a requerir la intervención de un etólogo y que será a menudo difícilmente reversible.

Tratar a los cachorros como cachorros, no como bebés

Los cachorros de perros y gatos resultan irresistibles por su aspecto tierno y desvalido. Esta atracción tiene incluso una denominación, efecto Bambi, y produce que las personas se derritan frente a las crías de perro o gato y los traten como a niños pequeños. Es frecuente ver a propietarios tratar a los cachorros como a niños, pero conviene evitar caer en el error y ofrecer al perro lo que necesita: normas, rutina, enseñarle a obedecer órdenes básicas y tratarle y hablarle como corresponde a su especie y no como si fuera una persona, porque puede dar lugar confusión en el animal que deriva en problemas de conducta”.

Reflejo de una sociedad polarizada

Nuestra sociedad es extremista: los que aman desesperadamente a los animales frente a los que no los toleran y les parecen molestos. Bajo esta presión social y como respuesta a ella, si quieres a tu perro o gato, lo puedes hacer, sin querer, de una manera desajustada. Esto a su vez exacerba las reacciones de los que se sitúan en el extremo contrario.

El perfil psicológico de las personas con tendencia a tratar a sus animales como si fueran personas se puede encuadrar en características diversas. En ocasiones, estamos ante individuos con carencias afectivas que se proyectan en el animal, experiencias afectivas traumáticas con otros sujetos, un exceso de soledad o bien la dificultad para establecer relaciones sociales con otras personas y relativa facilidad para hacerlo con las mascotas. En otros casos, incluso se impone la moda de una raza; y la mascota no se humaniza, se cosifica, como un complemento trendy o como algo que realza la presencia social de su propietario y le da valor a su identidad. Como cuenta Carmen Castro, la mera existencia de la tipología de razas caninas (700) y felinas (100) ya es un reflejo de cómo manejamos al animal a nuestro antojo, con tamaños mini para facilitar nuestra movilidad, hasta sin pelo para mantener la limpieza en casa.

Sobrealimentar al perro o el gato

Hay determinadas cuestiones derivadas de la humanización de un perro o gato que tienen más consecuencias para la salud y el bienestar del animal. Es el caso del sobrepeso y la obesidad, que, según un estudio sobre la salud de las mascotas de la red de hospitales estadounidenses Banfield Pet Hospital, afecta a 1 de cada 5 perros y gatos. “Ofrecer al animal comida de la mesa es una forma de humanizarle que le causa enfermedades metabólicas y cardíacas”. Darle comida continuamente bajo su petición, condena a la mascota a vivir en una situación de perpetua ansiedad. Emperrémonos pues en no ser tan humanos.

 

 


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