El sobresfuerzo físico, especialmente tras la ingesta de comida, favorece la torsión de estómago en perros.

La torsión de estómago es una enfermedad de pronóstico extremadamente grave que debe ser tratada con la máxima urgencia, ya que puede acabar con la vida del perro en cuestión de horas, estimando que su tasa de mortalidad está entre el 10% y el 45% de ser atendidos y del 100% si no reciben dicho tratamiento. La rapidez en llevar al perro al veterinario es decisiva en el pronóstico, ya que si se llega demasiado tarde a la cirugía (hablamos de tan solo unas horas) las posibilidades de salvar al animal disminuyen mucho debido a que habrá más lesiones en estómago y en otros órganos como el bazo, y sobre todo tendremos un paciente muy inestable, en un estado clínico de muy alto riesgo, con extrasístoles cardíacas, shock, mucho dolor, etc.

RIESGOS A TENER EN CUENTA

El síndrome dilatación-torsión de estómago se produce principalmente en perros de razas de tamaño grande aunque más raramente lo diagnosticamos en razas medianas también.

La torsión de estómago, provoca un colapso en el riego sanguíneo de las vísceras, ya que las arterias y venas que discurren por el estómago se estrangulan, impidiendo que la sangre llegue a otros órganos vitales, causando finalmente un shock general en el organismo del animal, de carácter irreversible.

Si bien las causas exactas de por qué se produce la dilatación-torsión se desconocen, los profesionales indican una serie de factores que predisponen a los perros a sufrir la torsión de estómago entre los que se incluyen las comidas copiosas o accidentales (el perro se come medio saco de pienso que quedó a su alcance), el pienso de baja calidad, que coman rápidamente y que beban abundantemente, las situaciones de estrés durante la ingesta.

Existe una predisposición genética que experimentan razas como el Mastín, el Dogo, el Pastor Alemán, el San Bernardo o el Doberman junto con perros mestizos de tamaño medio-grande o con características anatómicas determinadas como un tórax profundo.

Es muy importante saber que el ejercicio debe hacerse con el perro antes de las comidas y no después, ya que el ejercicio intenso después de la ingesta de comida es un factor predisponente para esta patología.

DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO

Los expertos señalan que un perro que experimenta una torsión de estómago se encuentra al principio nervioso e inquieto, puede apreciarse cierta hinchazón abdominal en la parte más caudal del abdomen, en la zona del ijar, a veces babea, tiene ganas de vomitar aunque no siempre lo consigue (no podrá si el estómago está torsionado) y sufre dolor en la zona abdominal.

Si vemos este cuadro en nuestro perro, debemos acudir inmediatamente al veterinario. Esta patología no puede esperar, por lo que si se produce en horario en el que nuestra clínica veterinaria está cerrada, debemos llamar y acudir inmediatamente al servicio de urgencias.

Ante este caso, el profesional estabilizará al animal descomprimiendo el estómago a través de un sondaje gástrico o por punción, a la vez que comprobará con una radiografía abdominal si el estómago está dilatado y si además existe torsión del mismo, valorando la opción de la cirugía para garantizar el éxito del proceso con la realización de una gastropexia (reposición  del estómago en su sitio y fijación del mismo a la pared abdominal en el lugar correcto). Con la cirugía se evita que el estómago del animal vuelva a sufrir torsiones en el futuro.

Durante el postoperatorio el perro debe estar en ayunas inicialmente comenzando inmediatamente después con una dieta blanda racionada en pequeñas cantidades. Si la recuperación es favorable, bajo cuidados veterinarios en régimen de hospitalización las primeras horas  posteriores a la cirugía, el perro puede volver a casa, donde tendrá que seguir con una dieta a base de un pienso de muy alta calidad que permita ingestas poco voluminosas y que produzca pocos residuos.

Un animal operado por dilatación-torsión, debemos saber que puede reincidir y aunque una vez operado no volverá a producirse una torsión, sí puede volver a presentar una dilatación.

La fobia al ruido

La fobia al ruido es un problema muy común en los perros domésticos. Este fenómeno está caracterizado por una repuesta de miedo intensa y desproporcionada en relación a lo que se esperaría por el grado de amenaza que representa el estímulo. Además es una reacción hasta cierto punto descantrolada.

El comportamiento de los perros con fobia a los ruidos puede variar, abarcando desde reacciones leves como un incremento del jadeo, sialorrea (babarse), intentos de esconderse  o escapar, temblar… hasta reacciones severas que incluyen comportamientos destructivos y autolesiones.

Al respecto, aquellos estímulos que ocurren imprevisiblemente, de forma intermitente, y de alta intensidad, como fuegos artificiales o tormentas, son más propensos a inducir una fobia, que los que se producen con una intensidad más baja y/o con mayor frecuencia y de manera previsible; por lo tanto, este problema de comportamiento suele pasar desapercibido en etapas subagudas hasta que los signos se hacen evidentes y molestos para el dueño.

Por su prevalencia (38% en casos reportados) y por sus consecuencias, la fobia al ruido tiene importantes implicaciones negativas sobre el bienestar de los animales y sus dueños; siendo importante su diagnóstico oportuno y el posterior tratamiento con terapia de modificación conductual o/y psicofármacos.

MIEDO, FOBIA Y ANSIEDAD: DEFINICIÓN.

Los trastornos relacionados con la ansiedad, incluyendo compulsiones, miedo, fobias, ansiedad generalizada y ansiedad por separación, son problemas conductuales comunes en el perro doméstico hoy en día.

El miedo es definido como una respuesta emocional que se produce como consecuencia de un peligro real o uno percibido como tal. Es una respuesta normalmente  adaptativa y para ello, proporcional al estímulo, cuya finalidad es proteger al animal de un posible daño. El miedo se manifiesta a través de respuestas fisiológicas como taquicardia, hipersalivación o eliminación de orina y heces, junto con respuestas conductuales asociadas a defensión, evitación o huida. Por el contrario, una fobia es una respuesta de miedo intensa y desproporcionada en relación a lo que se esperaría por el grado de amenaza que representa el estímulo. En general, ambas entidades incluyen estados de ansiedad dentro de su manifestación clínica, debido a que la ansiedad es una respuesta que se produce como anticipación a un peligro o a una amenaza objetivamente inexistente; es decir, la amenaza puede ser imaginada o incierta, pudiendo o no llegar a suceder realmente .

La ansiedad incluye signos fisiológicos y de comportamiento. Entre los signos fisiológicos podemos mencionar el incremento de las frecuencias cardiaca y respiratoria, temblor o parálisis, aumento de la salivación y alteraciones gastrointestinales. Los signos conductuales pueden incluir cambios en la actividad (inmovilidad, deambulación, caminar en círculos, inquietud); cambios en el apetito, incluyendo  anorexia; y conductas como la búsqueda de contacto o proximidad con personas u otros perros o al revés, huida descontrolada y comportamiento errático.

EPIDEMIOLOGÍA

Existe una gran diferencia en los datos sobre la proporción de animales que padecen fobia al ruido. Estos datos pueden obtenerse a partir de encuestas a los propietarios o bien en base al número de animales tratados en clínicas veterinarias generalistas o en consultas especializadas en comportamiento. Tanto si los datos se obtienen en encuestas como en clínicas veterinarias, varían mucho, entre un 6 y un 30% de perros aparece  como que muestran este tipo de problemas.

La fobia al ruido es un problema común que no parece ser remitido con frecuencia para su tratamiento por parte de un especialista. Según datos procedentes de una encuesta menos de un tercio de los propietarios responden que buscarían ayuda para el tratamiento del problema y aproximadamente un 15% buscarían el consejo de su veterinario. Por lo tanto, de cada 3 casos que llegan a las consultas, 17 casos podrían no hacerlo. Es posible que excepto en los casos más graves en los que el animal presente síntomas como destructividad o autolesiones, los propietarios no perciban la situación como un problema real y serio. Por otro lado es también posible que algunas personas busquen ayuda de manera puntual en las clínicas generalistas en momentos muy concretos del año (Navidades o fiestas locales).

ETIOLOGÍA O CAUSAS

Numerosos factores etiológicos influyen en el desarrollo de las fobias:

  1. Predisposición biológica evolutivamente determinada frente a ciertas situaciones cuya evitación parece estar asociada a una mayor supervivencia. Esto podría explicar por qué las fobias al ruido más frecuentes en perros se dan frente a fuegos artificiales, tormentas y disparos de armas de fuego.
  2. Factores genéticos: las estimaciones de la heredabilidad del miedo en el perro, pese a ser variable, oscilan entre 0,4 y 0,5. Estudios sobre este carácter en roedores de laboratorio indican también una heredabilidad alta para este carácter.
  3. Una predisposición racial en relación al miedo. Parece ser que dentro de determinadas líneas familiares existe una alta transmisión de caracteres de conducta como miedo, pánico y ansiedad.
  4. Exposición a estímulos variados y a estímulos sonoros durante el periodo de socialización: los individuos presentan una menor probabilidad de encontrar un estímulo aversivo como adultos si han sido previamente habituados a dichos estímulos durante el periodo sensible de socialización. Algunos autores indican que la exposición a diferentes ruidos, fuegos artificiales, aspiradoras, ruidos de motores, etc. pueden tener un efecto protector si tienen lugar cuando el animal es menor a 6 meses de edad. Esto sostiene la suposición de que la exposición a ruidos durante el periodo de socialización tiene un efecto de prevención en el desarrollo de miedos en su vida adulta. Del mismo modo que se presenta la habituación durante la socialización temprana, existe la posibilidad de que una experiencia traumática durante dicho periodo desencadene una conducta fóbica que se extienda a lo largo de la vida del animal.

Existen otros factores que pueden afectar a la probabilidad de que un animal desarrolle una fobia. Entre estos factores podríamos destacar la edad y el dolor crónico, ya que ambos factores parecen estar relacionados con una mayor susceptibilidad del animal a padecer algún trastorno relacionado con la ansiedad, entre los que se incluyen las fobias. A pesar de los avances actuales en cuanto a la investigación en este campo, la etiología concreta de las fobias sigue siendo desconocida.

NEUROFISIOLOGÍA DEL MIEDO

Existen diferentes estructuras cerebrales implicadas en la adquisición y consolidación de la extinción del miedo condicionado. Las más estudiadas son la amígdala, el córtex prefrontal (PFC) y el hipocampo. De modo muy esquemático la amígdala parece ser el lugar de adquisición y almacenamiento, la PFC parece mediar la consolidación y finalmente el hipocampo ejerce un importante papel en la expresión dependiente de contexto de la extinción.

DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO

Como base para establecer un tratamiento se deberá contar con un diagnóstico completo y bien sistematizado. El diagnóstico de la fobia a los ruidos se realiza principalmente con una buena anamnesis recogiendo así información del historial etológico, y con los signos clínicos presentados antes mencionados. Se descartarán  previamente causas orgánicas u otro desorden conductual. Habrá que tomar en cuenta que dichos signos pueden exhibirse por perros que también estén afectados por la ansiedad por separación  siendo este  trastorno uno de los principales involucrados en el diagnóstico diferencial, descartándose fácilmente ya que al contrario de lo que sucede con la fobia a los ruidos, los signos clínicos de la ansiedad por separación se manifiestan únicamente en ausencia de los propietarios.

Todo esto tendrá que ser descartado dentro del diagnóstico diferencial con ayuda de pruebas médicas mínimas como un examen físico general, examen neurológico, examen traumatológico, hemograma completo y química sanguínea básica. De obtener resultados normales se toma en cuenta como diagnóstico definitivo un desorden comportamental y bajo esa sospecha se puede instaurar un tratamiento etológico oportuno.

Los criterios de diagnóstico para una fobia al miedo incluyen una respuesta al ruido repentina y profunda, no clasificada y extrema, manifestada como una evitación activa intensa, fuga o conductas de ansiedad. Las conductas pueden incluir catatonia o manía concomitante junto con una disminución de la sensibilidad al dolor o estímulos sociales.

Se considera que los criterios de diagnóstico para las fobias a las tormentas eléctricas son similares a los de la fobia al ruido y cualquier aspecto de ellas puede desencadenar la respuesta, como por ejemplo el viento, la luz, cambios en la presión barométrica, lluvia, etc. Sin embargo habrá que tomar en cuenta la posible generalización de estos fenómenos hacia cualquier otro tipo de ruido; esto explica la relación entre la fobia a las tormentas eléctricas y el ruido. Los cambios atmosféricos que acompañan a las tormentas eléctricas complican el trastorno, ya que la respuesta fóbica puede haber sido principalmente a un cambio atmosférico no ruidoso y más tarde generalizarse al ruido.

Es esencial que todas las ansiedades asociadas o causadas se identifiquen como parte del proceso de diagnóstico y de tratamiento. El tratamiento y el manejo del miedo y de las fobias puede requerir la inducción de cambios comportamentales y un programa de reducción de estrés con la finalidad de mejorar las habilidades del perro para hacer frente a situaciones críticas. A manera general dentro de la práctica clínica el tratamiento se ha dividido en un protocolo ya establecido que debe de consistir en dos elementos principales:

  1. Tratamiento a corto plazo. Las intervenciones dirigidas a la gestión inmediata de un problema cuando la amenaza es inminente (por ejemplo, justo antes de la aparición de fuegos artificiales o tormentas estacionales).
  2. Tratamiento largo plazo. Las intervenciones dirigidas a la resolución del problema.

En el caso de la utilización del tratamiento a corto plazo que estará indicado para aliviar los signos clínicos presentes en ocasiones puntuales, lo recomendable es la utilización de fármacos ansiolíticos que actúan rápidamente y están completamente justificadas en cuanto al impacto sobre el bienestar animal en dichos trastornos. Los medicamentos ansiolíticos con un inicio de acción rápido que dura de pocas a varias horas son los más indicados,siempre bajo supervisión veterinaria. Dentro de los efectos secundarios se encuentran la sedación, ataxia o incoordinación, relajación muscular, aumento del apetito, excitación paradójica, alucinaciones, espasmos musculares e insomnio.

Como regla general se inicia el tratamiento con la dosis más baja y se aumenta gradualmente hasta alcanzar el efecto deseado, si el uso se prolonga por más de una semana la retirada tendrá que ser paulatina y llevada a cabo al menos durante un periodo de un mes.

Productos de feromonas (DAP) pueden ser útiles en el tratamiento de la presentación de una crisis inmediata. Se ha reportado su utilidad en el manejo de la ansiedad en perros asociada a los petardos y sonidos fuertes. DAP, al no ser un supresor cerebral, y al no haber interacciones negativas con algunos agentes farmacológicos, ha sido propuesto como una manera “natural” de reducir los comportamientos de estrés y miedo en perros.

A más largo plazo, la percepción del animal al ruido se debe modificar, utilizando grabaciones de sonido, mediante un proceso de desensibilización sistemática en el que se pone al animal en contacto gradual con el estímulo que desencadena la fobia para ir desensibilizándole. El programa incluye tres componentes:

  1. Grabaciones de sonidos iniciando con un volumen de bajo a moderado y aumentando el volumen gradualmente.
  2. Uso de un difusor de feromonas DAP durante el entrenamiento ya que disminuye los niveles de estrés.
  3. Pautas generales de comportamiento coherentes con la situación y que no la empeoren, como no castigar al perro durante la presentación del estímulo y no reforzar la respuesta fóbica, asegurarse de que el perro se encuentra en un lugar seguro en todo momento para evitar intentos de huida o lesiones.

CONCLUSIONES

A nivel preventivo el punto más  importante consiste en realizar una correcta socialización de los cachorros, exponiéndolos de forma gradual, siempre que sea posible, a los diferentes estímulos aversivos, como podrían ser los petardos y los ruidos fuertes, susceptibles de ser objeto de fobias en esta especie.

Por otra parte la investigación relacionada con los mecanismos neurofisiológicos de la adquisición de la memoria del miedo y, muy especialmente, los relacionados con su extinción, siguen siendo objeto de interés, ya que el conocimiento de los mismos permitirá en un futuro desarrollar y aplicar tratamientos farmacológicos que apoyen las terapias actuales y faciliten la extinción del miedo en los individuos que presenten fobias al ruido.

En definitiva, en la actualidad, el diagnóstico oportuno y el escrupuloso análisis del caso clínico, darían como resultado una instauración del tratamiento adecuado para cada caso. Es muy importante remarcar la evaluación del individuo en cuestión, ya que a pesar de tratarse del mismo trastorno, el tratamiento se tendría que modificar dependiendo del caso y del animal. Sin lugar a dudas el tratamiento actual que consiste en la utilización de desensibilización y contracondicionamiento ayudándose de un tratamiento farmacológico que ponga al perro en una situación mínimamente receptiva y tolerable de las sesiones de modificación conductual.

Las técnicas de modificación de conducta, todo hay que decirlo,  si bien teóricamente son de fácil aplicación, durante su práctica resultan tediosas y de improbable culminación. El tratamiento de desensibilización es muy largo generalmente y duro para los propietarios que frecuentemente lo dejan en el camino. Gracias a novedosas terapias disponibles actualmente, como la feromonoterapia, se podría suplir alguna deficiencia por parte del propietario o inclusive algún tipo de inconsistencia. En un futuro es posible que podamos disponer de nuevos fármacos que faciliten la extinción y sirvan de apoyo a las técnicas actuales de modificación de conducta.

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