¿Qué es una piómetra?

Una piómetra es la acumulación de pus -o de una mezcla de pus y sangre- en el útero. Es relativamente frecuente en perras no esterilizadas y perras de cierta edad, aunque también puede darse en gatas, conejas, huronas y cobayas, y en hembras jóvenes. Puede producirse en el primer celo, pero es muy poco frecuente. Esta patología es más habitual que se presente a partir de los 6 años de vida del animal, y aún es mucho más frecuente en perras a las que se les han administrado inhibidores del celo en algún momento de su vida. Estos fármacos, sean inyectables u orales, aumentan muchísimo la probabilidad de padecer esta enfermedad porque transforman la mucosa uterina y provocan en ella los cambios necesarios para que se produzca el pus poco a poco. La piómetra también es más frecuente en perras tendentes a presentar  pseudogestaciones o celos irregulares.

La piómetra se produce normalmente entre mes y medio o dos meses después del celo. Esto es debido a cambios en la mucosa del útero como consecuencia de la acción de la hormona progesterona que causa modificaciones en ese momento del ciclo en las paredes internas uterinas (mucosa uterina), que desembocan a su vez en una hiperplasia endometrial quística que evoluciona hacia la piómetra. En palabras sencillas, la mucosa del útero se engrosa y comienza a producir secreciones que a su vez derivan en la producción de pus y en su acúmulo dentro de la luz del interior de la matriz. El útero, con el tiempo va llenándose como si fuese un globo, de pus, de bacterias y de secreciones. Llegado un punto, parte de estas secreciones, toxinas, etc, se absorben y pasan a  la sangre dando lugar a los signos típicos de bacteriemia y toxemia de esta enfermedad.

Los síntomas que se aprecian en el animal pueden variar; pero en general, incluyen vómitos, fiebre, inapetencia, falta total de apetito, decaimiento, diarrea, poliuria y polidipsia (beber más cantidad de agua de lo normal y orinar más de lo normal).

Cuando el acúmulo de pus se produce con el cuello del útero completamente cerrado, todo el pus queda en el interior de la matriz de tal manera que no se ve, pero algunas perras tienen una piómetra abierta, es decir, el cuello del útero está un poco abierto y el pus se desliza hacia la vagina y de ahí hacia el exterior a través de la vulva. Los propietarios notan que la cama de la perra está un poco manchada, o que se lame la vulva de continuo para mantenerse limpia y seca.

Las piómetras cerradas son más graves porque no se libera nada de pus hacia el exterior y porque la pared del útero puede romperse debido a la tensión que genera el contenido uterino, con riesgo de peritonitis. Las perras con piómetra cerrada no tienen secreción vulvar. Si la infección avanza y se quiebran las defensas del animal o se acude demasiado tarde al veterinario, esta patología puede terminar en un fallo renal, en una septicemia, o en una peritonitis, pudiendo conllevar la muerte del animal.

La solución más eficaz y con menos riesgos y efectos secundarios es quirúrgica y consiste en retirar todo el útero con el pus dentro, en el quirófano, en condiciones de esterilidad. Siempre se retiran también los ovarios en la misma cirugía, con lo cual, la perra queda esterilizada y no vuelve a tener celos. Por la gravedad y las complicaciones que pueden presentarse, esta patología se considera una urgencia. Una vez operada la paciente debe permanecer hospitalizada con suero, tratamiento antibiótico y de soporte unos días hasta que el equipo veterinario la valore fuera de peligro y estabilizada.

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Conviene recordar que las perras no tienen menopausia, a diferencia de las mujeres, por lo que aunque sean mayores deben tener el celo con una duración e intervalos normales y sin que la secreción por vulva se prolongue más allá de una semana o 10 días desde que el celo comienza. Observar especialmente a las hembras un mes o dos después del celo es útil ya que es el momento crucial de aparición de los síntomas de esta patología.

El diagnóstico se realiza por citología vaginal del moco y secreción vulvar (en el caso de las piómetras abiertas) y por ecografía y radiografía en el caso de las cerradas. En la citología se pone en evidencia la presencia abundante de las células del pus e incluso la presencia de abundantes bacterias.

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En la ecografía veremos los cuernos uterinos llenos de líquido (pus) que aparecen de color negro (así es como se ven los líquidos con esta técnica de diagnóstico por imagen). En la radiografía se aprecian los cuernos uterinos dilatados de color gris debido al contenido en su interior.

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