El gran aspecto diferencial entre los dos sexos es el tipo de hormona. Así a los estrógenos de la hembra se le achaca la mayor entrega y vinculación con su dueño y familia y su disposición protectiva para todo lo que considera sus pertenencias.
La archiconocida testosterona de los machos es la culpable del temperamento dominante belicoso y competitivo del que hacen gala sobre todo los animales adultos de alto rango.
MACHOS:
- Predisposición a las distintas agresiones más acentuada.
- Estatus social alto: dominancia de nivel elevado.
- Fortaleza física más desarrollada.
- Impulsividad marcada.
- Tendencia y empeño competitivo.
- Umbral sensitivo más bajo por lo general.
- Madurez más tardía.
- Mayor nivel de auto-interés.
- Marcaje territorial muy ritualizado.
HEMBRAS:
- Más apegadas a su dueño y familia.
- Más manejables y dúctiles.
- Adaptabilidad más desarrollada.
- Complejidad sensitiva, con desarreglos en los distintos tipos así como variaciones en grado según el ciclo de los celos.
- Tendencia a la protección de pertenencias y objetos concretos como desviación adaptativa.
La castración o esterilización suele ser una medida acertada para estabilizar o normalizar los problemas causados por la influencia hormonal.





