La diabetes es una enfermedad que también afecta a los perros y a los gatos

 

diabetesLa diabetes se caracteriza por un aumento persistente de los niveles de glucosa en sangre (hipergluce­mia), originado por una deficiencia en la producción de insulina por parte del páncreas o por factores que impiden la correcta actuación de la misma en las células y los tejidos.

DIABETES EN EL PERRO

Existen distintos tipos de diabetes mellitus (DM):

  • DM de tipo I: anteriormente llamada diabetes insulino-dependiente, porque son pacientes que necesitan aporte de insulina para vivir. Es más frecuente en el perro.
  • DM de tipo II: anteriormente llamada diabetes no insulino-dependiente, existe producción de insulina pero ésta no ejerce su acción normal por la influencia de factores como por ejemplo, la obesidad. Es más frecuente en el gato.

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También podemos encontrar diabetes mellitus de otro tipo, como la diabetes secundaria, debida a causas ajenas al páncreas como el celo o la gestación; y la diabetes tran­sitoria asociada a la administración de algún fármaco que produzca resistencia a la insulina.

La diabetes tipo I parece ser la forma más fre­cuente de diabetes en los perros y se caracteriza por una destrucción de las células del páncreas que lleva a una deficiencia absoluta de insulina. La diabetes de tipo II es inducida por la obesidad y es más frecuente en el humano y en los gatos que en los perros.

En aproximadamente el 28 % de los perros diabéticos, la diabetes se desarrolla por un daño pancreático importante, debido, probablemente, a una pancreatitis crónica (inflamación del páncreas). Por ello, el veterinario quizá vea la conveniencia de hacer algún análisis específico para descartar una pancreatitis en los perros diabéticos. A su vez, la obesidad es un factor de riesgo para el desarrollo de pancreatitis y, por tanto, de diabetes. De este modo, una dieta alta en grasa puede alterar el metabolismo de las grasas y favorecer la aparición de pancreatitis y diabetes asociada en el perro.

Durante una fase del ciclo sexual de la perra, se produce un aumento de progesterona. Esta hormona induce una intole­rancia a la glucosa y puede provocar una diabetes manifiesta durante esa fase llamada diestro de algunas perras, es decir, mes y medio o dos meses después de haber tenido las manifestaciones del celo.

Principales signos clínicos de la diabetes en perros:

Los perros con diabetes tienen tanta glucosa en la sangre que parte de ella es eliminada por la orina. Por este motivo los perros diabéticos tienen mucha sed y orinan mucho, pero a la vez, aunque beben mucho más de lo normal, tienden a presentar cierta deshidratación.

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Los perros diabéticos tienen deficiencia abso­luta o relativa de insulina, lo que impide que la glucosa penetre en el interior de las células para que éstas la usen como fuente de energía. Como la glucosa no es utilizada por las células sigue presente en la sangre y ello pro­voca un aumento de la glucosa en la sangre. La falta de glucosa intracelular lleva al organismo a buscar energía en las reservas de grasa y del músculo, lo que conduce a una pérdida de peso por consumo de dichas reservas.

Hay mucha glucosa fuera de las células pero no dentro. Por eso las células están “hambrientas” y los diabéticos presentan aumento del apetito (polifagia). Sin embargo, si la diabetes evoluciona mal,el cuadro empeora y puede terminar en una falta total de apetito y mucho adelgazamiento.

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Confirmar el diagnóstico de diabetes mellitus en un perro:

Para confirmar el diagnóstico y determinar el tratamiento es preciso realizar un análisis labora­torial completo. Los perros diabéticos presentan una concentra­ción de glucosa superior a 200 mg/dl. La gravedad de la sintomatología suele estar asociada al grado de hi­perglucemia. También habrá que mirar cómo funciona su hígado que en esta enfermedad, a veces, está alterado. Otro aspecto a confirmar es la presencia o ausencia de infección de orina que es muy frecuente en los pacientes con diabetes.

Tratamiento de la diabetes mellitus:

Administración de Insulina:

Desde el punto de vista del tratamiento hay una diabetes complicada que ha de ser tratada en régimen de hospitalización. Una vez estabilizada, el paciente será tratado en casa por el propietario que ha de aprender a cargar y poner correctamente las inyecciones de insulina a su perro.

El objetivo del tratamiento es restablecer la calidad de vida del perro y mejorar los signos propios de la diabetes mellitus como son: disminuir el consumo de agua y el incremento de la diuresis, y detener la pérdida de peso.

Control de factores que interfieren la acción de la insulina:

Para obtener una respuesta satisfactoria es ne­cesario controlar factores que pueden interferir en la acción de la insulina, como enfermedades concurrentes o niveles elevados de la hormona progesterona relacionada con el ciclo sexual de las perras. Es por esta razón que la esterilización de las perras diabéticas es algo absolutamente necesario para poder controlar la diabetes en las distintas fa­ses de su ciclo reproductivo. Las perras que permanecen sin esterilizar hacen tales variaciones de respuesta a la insulina que es imposible mantenerlas con la enfermedad controlada.

Control de la dieta:

El alimento suministrado a los perros diabéticos debe proporcionar la suficiente energía para alcan­zar y mantener una condición corporal óptima. A efectos prácticos, se suele administrar la mitad de la co­mida diaria por la mañana y al mismo tiempo la dosis de insulina de la mañana. Aproximadamente 12 horas después se administra la otra mitad de la comida y la segunda dosis de insulina.

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Los perros diabéticos eliminan glucosa por la orina de manera que pierden una fuente importante de energía, por lo que nece­sitan más calorías para su mantenimiento que los perros sanos. La dieta debería ser equilibrada en nutrientes y muy palatable, para que se consuma toda la ración.

Las dietas recomendadas en perros diabéticos son aquellas con un alto contenido en fibra, porque se sabe que la presencia de fibra disminuye la absorción de glucosa en el sistema digestivo y por ello, la reducción de la de­manda de insulina. Este tipo de dieta ayuda a los perros obesos a perder peso y al control de la glucemia.

Los perros con un buen control clí­nico de su diabetes, pueden presentar hiperglucemias moderadas o severas puntualmente y glucosa en orina en grado va­riable. Nuestro objetivo no es normalizar absolutamente la glucosa en sangre, sino controlar su nivel para que no suba demasiado y mantenrlo de tal modo que desaparezcan los signos clínicos de la enfermedad, todo ello sin caer en una hipoglucemia por administración excesiva de insulina.

Para comprobar que la respuesta al tratamiento es la adecuada, es necesario hacer análisis de sangre periódicos y mirar si hay glucosa y cuerpos cetónicos en orina. Esto se realiza sumergiendo unas tiras en la orina, y comprobando el cambio de color según la cantidad de glucosa presente en la misma.

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Los pacientes diabéticos tienen tendencia a las infecciones urinarias por lo que es recomendable hacer una revisión general periódica y un análisis y cultivo de orina cada 6 meses.

 DIABETES EN GATOS

La prevalencia actual de la diabetes mellitus, aunque variable según los países, se sitúa entre 1 de cada 50-100 gatos. En el gato la diabetes tiene varios aspec­tos diferentes al perro; por un lado, el gato puede presentar hiperglucemia de estrés, provocada por ejemplo por una enfermedad o una situación, que suele ser transitoria y requiere un manejo diferente al de una diabetes. Además, en la mayoría de los gatos recién diagnosticados la diabetes puede ser reversible si se trata correctamente a tiempo.

A diferencia del perro, el tipo II es el más común (más del 80 %) y se caracteriza por una resistencia a la acción de la insulina en los tejidos, que provoca un incre­mento de la secreción de insulina. Si la resistencia a la insuli­na y la hiperglucemia no se reducen o eliminan, la capacidad de producción de insulina se ago­ta.

La diabetes tipo II en el gato es multifactorial y los factores de riesgo son la edad avanzada, la castración (los machos castrados tienen mayor riesgo), factores genéticos ( la raza Bur­més tiene mucho mayor riesgo que la raza co­mún europeo), la obesidad, la toxicidad provo­cada por la hiperglucemia y por la hiperlipemia, la vida sedentaria y las enfermedades crónicas como enfermedad periodontal o infecciones uri­narias o cutáneas.

Historia y examen físico:

La mayoría de los gatos diabéticos se presentan con un cuadro clínico no complicado, caracteri­zado por beber mucho (polidipsia), orinar más de lo normal (poliuria) y pérdida de peso, a pesar de tener un apetito normal.

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Otros síntomas menos frecuentes son debilidad, apatía, pérdida de apetito, vómitos, diarrea y alteraciones en la mar­cha provocadas por una neuropatía periférica (pisar plantígrado). La polifagia (comer más de lo normal) es menos frecuente en los gatos que en los perros diabéticos; de hecho, menos de un 30 % de los gatos diabéticos tiene polifagia.

Aproximadamente el 50 % de los gatos diabé­ticos tienen una menor masa muscular, una des­hidratación de leve a moderada y mal pelaje. La mayoría están obesos aunque si la enfermedad está avanzada, pueden presentarse delgados. Menos frecuente es la presencia de icte­ricia y plantigradismo.

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Este último indica que la hiperglucemia lleva tiempo y ha provocado una neuropatía diabética que afecta a la actividad sensorial y motora, más intensa en las extremida­des posteriores que en las anteriores, neuropatía que es reversible tras meses de un buen control de la enfermedad.

Peculiaridades del diagnóstico de la diabetes en gatos:

Los análisis laboratoriales confirman la enferme­dad ya que los gatos diabéticos tienen hipergluce­mia persistente y presencia de glucosa en la orina.

Sin embargo, la hiperglucemia y la presencia de glucosa en orina, en el gato pueden estar provocadas por estrés como ya hemos apuntado. Para diferen­ciar esta última de una diabetes mellitus, se puede con­firmar la hiperglucemia a lo largo de varios días, o bien, determinar los niveles de una sustancia llamada fructosamina, que reflejan la glucemia media durante las últimas dos semanas. En los gatos diabéticos los niveles de fruc­tosamina son superiores a 400 mmol/L, mientras que suelen ser normales o estar ligeramente aumen­tados en gatos con hiperglucemia de estrés.

El análisis de orina es esencial para diagnosticar la en­fermedad, ya que tiene que haber presencia de glucosa en la orina (glucosuria).

Según el cuadro clínico y laboratorial, suele ser necesario completar la información diagnóstica con otras pruebas como una ecografía abdominal, especial­mente si se sospecha de pancreatitis, que suele ser frecuente, o la determinación de la presión arterial.

El tratamiento de la diabetes mellitus en los gatos:

Los objetivos del tratamiento son la desaparición de los síntomas y el control de la enfermedad y de los niveles excesivos de glucosa en sangre. El tratamiento también debe controlar los factores de riesgo (obesidad, infec­ciones crónicas), que producen a su vez resisten­cia a la insulina. Y por supuesto, controlar que con el uso de insulina no se produzcan bajadas excesivas de glucosa excesivas (hipoglucemias).

Además, en gatos recientemente diagnosticados, el objetivo buscado en los primeros meses tras el diagnóstico es lograr la remisión de la enfermedad. Se define remisión de la diabetes como la norma­lización de la glucemia y de los niveles de fructosa­mina, junto con la desaparición de los síntomas y de la glucosuria, siendo innecesaria la administra­ción posterior de insulina. Se considera que puede haber remisión hasta en un 50 % de los gatos a los que se les diagnostica la enfermedad; normalmente sucede en los primeros tres meses de tratamiento. Las posibilidades de remisión de la enfermedad au­mentan cuando el tratamiento se inicia inmediata­mente después de conocerse el diagnóstico.

El tratamiento de esta enfermedad se basa en la ad­ministración de una dieta adecuada, en la administración de insulina, la rea­lización de ejercicio y el control de las enfermedades concurrentes.

El ejercicio y la alimentación son claves. Para aumentar el nivel de ejercicio se puede di­vidir la comida y colocarla en distintas partes de la casa, o en el uso de dispositivos especiales que hacen que el gato tenga que obtener la comida con esfuerzo. Además, con una dieta adecuada, se alcanza y mantiene un peso corporal ideal y se reducen los picos de hiperglucemia tras la ingestión de comida.

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La dieta es especialmente importante en los gatos diabéticos obesos ya que la obesidad produce resistencia a la acción de la insulina y es responsable en muchos casos de la aparición de la misma. Esta resistencia a la insulina debido a obesidad es reversible, por lo que la pérdida de peso en los gatos obesos favorece la remisión de la diabetes.

Las dietas indicadas para perros diabéticos, ri­cas en fibra y bajas en grasa, son útiles también en el gato diabético, ya que reducen la absorción de glucosa, ayudan a perder peso y favorecen la sacie­dad y el tránsito intestinal; aunque si el gato está delgado, no se recomiendan inicialmente.

Sin embargo, desde hace una década, la dieta más recomendable para el tratamiento de la diabetes fe­lina es un alimento bajo en hidratos de carbono y alto en proteínas, ya que los gatos son carnívoros estrictos y están muy bien adaptados a metaboli­zar las proteínas y a obtener las fuentes de glucosa esencial de los aminoácidos. Estas dietas son sobre todo beneficiosas en gatos con diabetes reciente, en los que todavía hay capacidad de secreción de insu­lina, ya que se aumenta la probabilidad de remisión hasta en un 30-50 %. Las directrices de la American Animal Hospital Association (AAHA) sobre la dia­betes mellitus, recomiendan el empleo de este tipo de dietas en el gato (más del 45 % de energía me­tabolizable proteica y con la mínima cantidad po­sible de hidratos de carbono). Estas dietas no son hipocalóricas, por lo que se debe ajustar muy bien la cantidad de alimento en función de las calorías y de acuerdo al peso ideal que debe tener el gato.

Los alimentos húmedos o enlatados son preferi­bles respecto a los secos, ya que suelen tener menos contenido en hidratos de carbono. El momento ideal para administrar la comida es junto con la insulina, es decir, cada 12 h normalmente. Sin em­bargo, los gatos acostumbrados a comer ad libitum se controlan bien.

Administración de insulina:

Se debe comenzar cuanto antes con la insulina, para conseguir la remisión de la enfermedad. Las insulinas de elección para el tra­tamiento de gatos diabéticos a largo plazo son las de acción prolongada.

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Como en el caso de las perras, las gatas deben ser esterilizadas para evitar interferencias con las hormonas del ciclo sexual.

 El control de la enfermedad en los gatos:

Los gatos diabéticos deben ser evaluados sema­nalmente durante el primer mes y cada 15-21 días hasta que se consiga un buen control de la enferme­dad, normalmente en los tres primeros meses. Des­pués y hasta los seis meses posteriores al diagnósti­co, se deben hacer mensuales, por si la enfermedad remite. A largo plazo, una revisión cada 3-4 meses puede ser suficiente.

Una buena monitorización del gato diabé­tico es imprescindible para ajustar la dosis de in­sulina y la dieta, verificar el control de la enferme­dad y disminuir o retirar la insulina si la diabetes remite. Los ajustes, si son necesarios, los realiza el veterinario en las revisiones.

¿Qué se tiene en cuenta en las revisiones?

La mejoría de los síntomas (el gato bebe y orina menos), el peso (en obesos se debe reducir hasta alcanzar el ideal, en gatos con peso normal mantenerse y en delgados incrementarse), los hallazgos del examen físico, la presencia de glucosa en orina, el nivel de glucosa en sangre, sobre todo de 6-8 horas después de la comida, y los niveles de fructosamina en sangre.

Finalmente, es importante evitar o controlar los factores que producen resistencia a la insulina, como la obesidad, los hábitos de vida sedentarios, las infecciones y otras enfermedades concurrentes.

 

 

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