El dolor, ese enemigo a combatir.

El dolor es una sensación compleja  que implica muchos parámetros y que tiene un componente físico y un componente emocional. El dolor va asociado a sufrimiento por lo que cada paciente debe ser evaluado adecuadamente siempre y en cada caso.

En el caso de nuestros pacientes animales que son incapaces de verbalizar las sensaciones, nuestra preocupación es detectar el dolor.  A veces no es tan sencillo pues el dolor es una experiencia individual, cada paciente lo vive de una forma “personal” no transferible. La experiencia clínica nos proporciona a los veterinarios  habilidades sutiles para la detección del dolor siempre que seamos profesionales meticulosos y observadores. Los veterinarios solemos recopilar  mucha  información acerca del comportamiento del paciente (se lo preguntamos al dueño que normalmente conoce bien el comportamiento habitual de su animal de compañía) y también recopilamos datos u observaciones más objetivas durante  la exploración.

En este sentido, el dolor crónico puede ser especialmente difícil de detectar ya que el animal pone en marcha mecanismos de compensación antiálgicos (antidolorosos) como pueda ser el hecho  limitar sus movimientos de forma gradual o modificar sus posturas corporales o de apoyo. Al producirse los cambios de forma muy paulatina los propietarios no llegan a darse cuenta de las limitaciones del animal o las achacan con frecuencia a la edad (“ahora se mueve menos, supongo que porque es más mayor”).

Muchas veces es la circunstancia de una exacerbación aguda de un dolor crónico la que permite el diagnóstico de una enfermedad de curso  largo y silente. En estos casos, la mejoría que experimenta el paciente con el tratamiento analgésico nos  informa de la necesidad de aplicar dicho tratamiento a más largo plazo. Es el caso de los animales con artrosis por ejemplo.

Los animales no expresan el dolor tanto por lo que se quejan como a veces por lo que mejoran cuando se les administra un  antinflamatorio o un  analgésico. Es lo que llamamos respuesta positiva al tratamiento. Del mismo modo, en algunas ocasiones posponemos la administración de un analgésico para no silenciar lo que en realidad es un síntoma de que algo no va bien. Intentamos en estos casos llegar previamente a un diagnóstico que más adelante nos permita usar el tratamiento con la tranquilidad de conocer la patología subyacente. Cuando llegamos al diagnóstico de la patología que origina el dolor e instauramos un tratamiento específico para la misma, a veces el dolor desaparece con el propio tratamiento de la dolencia . En otros casos se requiere un tratamiento específicamente analgésico.

El dolor se percibe en los receptores del dolor (receptores nociceptivos) y se transmite a través de las fibras nerviosas. Llega al cerebro a través de la médula espinal. La corteza cerebral es la responsable de la experiencia consciente del dolor.

El dolor tiene 3 componentes: un componente sensorial (temperatura, presión, etc…), otro componente emocional (incluye las respuestas de miedo, de tensión y neurovegetativas) y un componente evaluativo (dolor leve, severo, moderado…). En los animales se hace difícil valorar todos estos matices aunque existen, igual que en las personas. Al no ser capaces los animales de contarnos cómo sienten su dolor, nos centramos más en la intensidad, tipo de dolor, y consecuencias nocivas  e  invalidantes para el paciente las cuales notamos con la observación.

Cuando un paciente tiene un problema inflamatorio o una lesión tisular, todos los estímulos en esa área producen dolor, los estímulos dolorosos por supuesto, pero los estímulos no dolorosos también. Esto es lo que se denomina  la sensibilización periférica. También existe lo que se denomina  la sensibilización central, es decir, la percepción de un dolor intenso agudo o de un dolor que permanece en el tiempo puede traer consigo que el umbral del dolor central disminuya  y las respuestas a los estímulos  se amplifiquen creándose una especie de círculo vicioso de “dolor que produce más dolor”.

Esto es importante y es la razón  de  que los veterinarios  prescribamos preferentemente la analgesia de forma preventiva ya que el dolor, una vez que se instala, es mucho más difícil de combatir y en general, una vez pasado un tiempo, se requieren dosis más altas de analgésico o analgésicos más potentes.

Existe también en los animales igual que en las personas, un tipo especial de dolor denominado dolor  neuropático. Este tipo de dolor  está  causado por una disfunción neurológica bien del cerebro, cerebelo, médula espinal o nervios periféricos. En estos casos podemos señalar que lo que ocurre es una hipersensibilidad o una excitación espontánea del sistema nervioso que percibe el dolor, creándose la sensación del mismo  casi espontáneamente bien por estímulos inflamatorios o bien por estímulos totalmente inofensivos.

El dolor durante la cirugía debe ser previsto y debe existir un protocolo de anestesia que incluya potentes analgésicos  durante el tiempo operatorio. En nuestro hospital, cada 20 minutos se administra por vía intravenosa la analgesia  de forma protocolaria  a todos los pacientes en quirófano, administrando además otros productos que permiten al paciente despertar de la anestesia de forma  suave y confortable una vez que retiramos la anestesia inhalatoria.

El dolor postquirúrgico prolongado está muy descrito en humanos y los veterinarios, cada vez más, somos conscientes de que debemos prevenirlo para no tener que curarlo. Los animales no se quejan, tan solo cambian su actitud, o su comportamiento, o sus actividades: se mueven menos, o dejan de subir escaleras o ya no se suben al sofá, dejan de comer, respiran más deprisa, arquean el lomo, agachan el cuello, no apoyan el peso en una extremidad, etc… No es conveniente que ese dolor se exprese, ahora ya sabemos que lo mejor es adelantarse con un tratamiento adecuado. Por otra parte, una gestión apropiada del dolor agudo es esencial a fin de prevenir la instalación de un dolor crónico. Esto se debe a que el dolor produce cambios en las células nociceptivas (receptoras del dolor) que a su  vez comienzan a producir o proteinas que causantes de  más dolor.

En el caso de los gatos aún puede ser más difícil hacer una correcta interpretación de la presencia de dolor. Son pacientes que no expresan delante de los humanos o de otros animales el dolor. En muchos casos la manifestación de dolor o molestia en estos animales es  sumamente sutil: dejar de asearse  o no contornearse al asearse, no moverse tanto, esconderse, no subirse a las alturas, no ir a comer, volverse algo más agresivos al contacto humano, rehusar estirarse o negarse a echarse, permanecer tiempo sentado, la no presencia del ronroneo… y a veces hay que observar sus expresiones faciales  y/ o corporales (cuello hacia abajo, ojos semicerrados, quietud y falta de interés por  lo que pasa a su alrededor, etc…)

El presencia o no de dolor debería ser una de las constantes a valorar siempre en todo paciente. La veterinaria ha evolucionado muchísimo en este aspecto y los veterinarios estamos muy sensibilizados con el bienestar de los animales en el hospital.

Existen varias  escalas de medición del dolor que pueden ser utilizadas, tanto del dolor agudo como del dolor crónico. Actualmente muchos veterinarios investigan en nuevos métodos de valoración del dolor y desarrollo de escalas que mejoren la capacidad diagnóstica y de seguimiento del dolor producido en estas patologías. Muchos métodos que se desarrollan actualmente se encaminan a monitorizar la actividad del animal y su calidad de vida mediante escalas subjetivas, a partir de los comportamientos observados en los animales, tanto por los veterinarios como por los propietarios. También se están desarrollando métodos más objetivos para registrar el grado de actividad, registros de la actividad de los animales durante un periodo de tiempo en su propio hábitat, o el grado de alteración y de respuesta frente al dolor, con lo que se llama actualmente, cuantificación del umbral de dolor (QST en inglés).

Un aspecto muy importante es reevaluar al paciente una vez instaurado cualquier tratamiento analgésico, para comprobar que efectivamente está siendo útilel tratamiento  y que la dosis aplicada es suficiente, además de verificar que el intervalo en que se administra es el adecuado de manera que no dejamos reaparecer el dolor antes de repetir la administración de la analgesia. Hoy en día disponemos de muchos medicamentos para prevenir y para tratar el dolor de nuestros animales de compañía por lo que si encuentras que tu mascota está menos activa o más impedida en sus movimientos de un tiempo para acá debes consultarnos.

 

 

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